Alcatraz es una isla de la bahía de San Francisco en California, que solía ser utilizada como prisión federal. Por allí pasaron presos del calibre de "Scarface" (Al Capone) y George "Machine gun" Kelly. Hoy en día es una de las mayores atracciones turísticas del área.
La primera vez que fui a Alcatraz tenía siete años. Recuerdo haberme sorprendido por algunos detalles. Como que -a diferencia de otras prisiones- los presos contaban con el lujo de darse una ducha caliente, para evitar que se acostumbraran al agua fría y se escaparan nadando. También me había llamado la atención la historia de Joseph Bowers, que fue prisionero de Alcatraz por asaltar una oficina de Correo y robarse... menos de 25 US$! Pero por haber cometido un federal crime lo habían enviado allí.
En mi segunda visita, dos años más tarde, me llevé el vivo recuerdo de Robert Stroud, The Birdman of Alcatraz. Observé con detenimiento lo que había sido su celda, y por mucho tiempo me imaginé teniendo largas conversaciones con él. Iba a visitarlo para hacerle compañía en su reclusión y él me contaba de su vida. Era como charlar con un abuelito, sólo que con unas unas rejas de metal maximun security de por medio. En esa ocasión me compré un libro con información sobre la historia de Alcatraz, sus prisioneros más famosos y todos los intentos de escape.
Tres años atrás volví a ir. Había releido el libro recientemente y me intrigaba pensar qué aspecto de la prisión iba a sorprenderme en este nuevo paseo. Tal vez por mi edad, tal vez por mi compañía, lo extraño fue que esta vez lo que coaptó mi atención fue la naturaleza: se había armado un pequeño ecosistema, ajeno a la movida turística, que parecía querer dominar poco a poco a la isla entera. Las gaviotas se sentían en casa, las algas devoraban las piedras, los hongos se alimentaban de la humedad para apoderarse de la construcción humana.
Curioso... en vez de obsesionarme con la soledad, el aislamiento y la posibilidad de arrepentimiento, esta última visita me dejó una sensación de que el ciclo continúa, la vida y la libertad brotan más allá de nostros. Mientras tenía estas reflexiones la isla se fundía con el atardecer. Nuestro barco se alejaba... el día turístico había concluido, lo único que quedaba eran los diversos seres que aprovechaban la noche para avanzar en la puja por ganar territorio.
Fotos: Joaquín Bilbao

